jueves, 3 de agosto de 2017

Milanesa y mate

- ¿Qué es eso tan importante que me tenés que decir que no puede esperar a que termine de comer?-
Para Sofía, joven estudiante de criminología, no existe ningún impedimento ni excusa para abrirle la puerta a su mejor amigo a las 03 de la mañana o bajo cualquier circunstancia. Pero son las 13 y con su comida no se mete nadie. De todas formas, le abrió la puerta.
-Sofi, escuchame, se que sos muy distraída, a veces me olvido hasta qué punto. Hay algo que tenés que saber y no, no podía esperar porque realmente no puedo creer que no te hayas dado cuenta. Todo el mundo lo sabe, y ya era hora de que vos también. Muy probablemente cambie un poco tu perspectiva hacia mi, pero espero seguir siendo amigos. Sofia, no te tendría que estar diciendo esto, pero a veces vivís realmente en una nube. - Dijo el joven, que seguramente no estaba muy lejos de la edad de Sofia, sentandosé. Sofia quiso hablar, pero la mirada de su amigo, muy reprobatoria, la hizo dudar mientras seguía comiendo la milanesa con ensalada. - Yo no puedo creer que te lo tengo que decir de esta forma, pero es que todavía no te diste cuenta. Debería ser obvio, cómo me comporto, cómo hablo, Sofía mirame  a la cara por favor. - Tomo aire mientras ella abandonaba el plato, él hablaba con velocidad de quien corrío cuatro cuadras para retar a su amiga. Tomó aire de nuevo y ella lo miro con dulzura, tomandolé de la mano. Ella era la persona más dulce que él había conocido en su estadía en ese país.
- Lo que vos me estás tratando de decir, es, por casualidad viste... ¿Que estas enamorado de mi? - Sonrío con ternura y amabilidad, comprensiva como siempre. - Porque de ser así, no cambia nada, yo realmente te aprecio y... para. ¿De qué te estás riendo tarado?
La cara de Sofía cambió, parecía una nena chiquita enfadada.
-Sofía, mi querida dulce e inocente Sofi. Voy a hablar lento y suave. ¿Si? Escuchame, mirame, Sofía deja la milanesa tranquila después la metes al microondas. Escuchame. Sofi. Yo. Soy. Un. ALIEN. ¿Entendés? ALIEN. ESPACIO. PLANETAS. ALIEEEEEN. - Terminó de decir, moviendo los brazos y alargando las e.
Se quedaron en silencio por unos segundos.
-Ah.
-¿Ah? ¿Sofia, eso es todo lo que vas a decir?
-Es que... Nunca se me hubiera ocurrido que eras. Bueno. - Silencio.
-¡SOFIA!
-¿QUE? NO ME GRITES, TARADO.
-SOFIA, ME LLAMO AHRKAH'KAH.
-CUANDO TE CONOCI ME DIJISTE QUE ERAS EXTRANJERO. PENSE QUE DE ALGUNO DE ESOS PAISES EN LOS QUE HACE MUCHO FRIO Y HABLAN IDIOMAS RAROS. QUE SE YO, AHRK.
-SI SOFIA, EXTRANJERO DEL PAIS P'TRAX6X, EN EL CONTINENTE DE ESPACIOEXTERIORLANDIA. ¿ME PODES PRESTAR ATENCION CUANDO TE HABLO? SOLTA LA MILANESA, SOFIA. ¡TENGO 3 (TRES) DEDOS! - Ahrk seguía gritando, sin poder comprender, mientras le mostraba sus manos.
- PENSE QUE HABIAS TENIDO UN ACCIDENTE, NO VOY PREGUNTANDOLE A LA GENTE COMO LE AMPUTARON LAS EXTREMIDADES.
- ¡SI LO HACES! ¿NO TE ACORDAS CUANDO CONOCIMOS AL VIEJO QUE LE FALTABA LA PIERNA?
- ¡ESE ES UN CASO TOTALMENTE APARTE AHRK!
- SOFIA, ESTUVE EN CADENA MUNDIAL POR TELEVISION HABLANDO CON EL PRESIDENTE DE U.S.A. PARA DECIRLES QUE MI RAZA NO ERA PELIGROSA.
- PERO LOS ESTADOUNIDENSES LE TIENEN MIEDO HASTA A LAS PERSONAS DEL PAIS DE AL LADO.
- SOFIA. SOY VERDE. VERDE. VERDE.
- PENSE QUE ERA PORQUE EN TU PAIS ESTABA SIEMPRE NUBLADO Y NO TOMABAS SOL.
- EN TODO CASO SERIA BLANCO, NO VERDE COMO LA YERBA.- Silencio de nuevo.

- Hablando de yerba. ¿Querés tomar unos mates?
- Sofia, estas comiendo una milanesa.
- Sí.
- Bueno, pone la pava.

Carta a Alejandra Pizarnik.

A Alejandra:

Precisa y preciosa, alevosamente acariciaste mis venas con el filo de tus palabras. Te abrís paso a zancadas seguras entre miles de voces que gritan. Atravesás, rompiendo estigmas y estructuras, rasgando ideas, destruyendo todo a tu paso. Arremete el fantasma enardecido de tu voz hacia mi; Me vuelve una pira. Magnífica. Sos una forra, sos una desubicada, una niña pequeña asustada e insoportable y avasalladora y a la vez tan majestuosa. 
Te escucho hablar, y si pudiera te llamaría "mi querida". Te escucho estirar. Yo las sílabas y me muerdo los labios. Escucho tus palabras y me inundo y rebalso en preocupaciones. escucho, de nuevo, el fantasma de tu voz rasposa, y a ese fantasma le digo "yo te hubiera amado. Yo te hubiera amado Alejandra, como solo una mujer puede amar a otra; Como una fiel admiradora de la muerte y sus relojes puede amar a una hija de ésta. Te hubiera amado, entre capas de piel y luces apagadas, entre colillas de cigarrillos y cajas de pastillas mientras perdemos el hilo de la conversación. 
A esa voz tuya, vuelvo. Me perdí. Al fantasma de esa voz quiero abrazarlo a golpes y acariciarlo a puteadas. Quiero que me recubra tu voz curtida por el paso por la vida. A esa voz que me descolocó, a esa voz que platonicamente llamo "mi querida", a ese laberinto de espejos que fue tu mente, a esa voz fantasmal que afirmo que yo hubiera amado, le quiero preguntar. ¿Alejandra, cómo estás allá, después de ese 25 de Septiembre? ¿Cómo estás ahora, fuera de esa espiral kafkiana que fue tu casi vida? ¿Estás siendo abrasada por las llamas o muerta de frío?
Espero mi querida, que estés mejor que en vida.

- Tu casi amante. 
08/06/2017

jueves, 6 de julio de 2017

Señorita

You can see me looking at you
under my heart shaped glasses.
Crossing my legs, letting you see my knees
under my tennis skirt.
Smiling at you, just for me,
because I know,
I'm driving you crazy, my love.

I'll see you at the tennis court,
I'll be wearing diamonds on my neck
and the heart in my cheek.
Flowers on my hair and long pink legs.

You know that I'm young,
you know that I'm wild,
you know that I'm not your dolly
and you're not my daddy;
I'm your obsession,
and you're part of my possessions.

Did you see me yesterday at Friday night?
Sparkling like a star,
the taste of the whiskey in my mouth.
And you want to know,
how's the taste of my cherry lollipop.

Make me nice for a while,
think that I'm not a femme fatale
smoking long cigarettes
and having no regrets.

My blue swimsuit means
your pulse getting shoot.
And your eyes getting wild
when I say
"Needing some discipline,
you're my favorite medicine."

See around that corner maybe,
don't be afraid of being brute:
I'm a screamer baby
make me mute.

You can call me Lolita
the prettiest señorita.
With bare feet and messy bun
waiting for you, ready to run.

The party is over, I'm alive.
The party is over, I feel revive.

domingo, 28 de mayo de 2017

Monoambiente



Edificio de mala muerte, paredes despedazadas por dentro, arañas en los rincones, cucarachas en los cajones. Un ascensor que no funciona, el timbre que no suena. Paredes de cartón, escaleras de telgopor, te guían hasta la puerta arruinada del quinto "B". Abrís la puerta y te llena el aliento del departamento. A encierro, a humedad, a polvo e insectos, a deshabitado.

Los barrotes de la cama se desprendían de óxido, amenazando con romperse en cualquier segundo tal y como el melancólico departamento. Constaba de un solo ambiente, de paredes grises con un papel de flores rasgado, viejo, manchado de humedad. Él era taciturno, quizás tanto como la escena; lo veías recostado en la cama y sentías una melodía lúgubre bailar a su alrededor. La luz del techo se balancea con el poco aire frío de la madrugada. Entra finamente por la persiana rota, a medio bajar, llena de arañas. La bombilla amenaza con apagarse y vuelve a prenderse, amenaza con apagarse y vuelve a prenderse. Es amarilla y no alcanza a alumbrar los rincones. Se intenta apagar, pero se prende de nuevo, aún resiste. Alumbrándolo débilmente, enredado entre las sábanas llenas de manchas. Se escucha el girar errático del ventilador, también, al borde de la caída. Guardaba receloso, bajo el colchón, un manojo de billetes pegados con cinta que no servían ni para comprar otra bombilla de luz. Y el colchón, era una sopa de irreconocibles sustancias mezcladas entre sí; cuantas historias que podía contar, y que repugnante olor que desprendía; posible de espantar a cualquiera que se acercase. La mesita ratona de madera rasguñada reposaba junto a la cama, una lamparita rota y sin bombilla sosteniéndose inexorable. Una única silla de plástico retraída, decorando un rincón al azar, curtida, con un color que no se distingue del gris o del amarillo, parecido a la punta de los dedos de un fumador. El armario se alzaba cubriendo toda la pared, vacío, de imponente madera oscura, pero con las puertas salidas, colgando. Tenía espejos, en las caras internas de las puertas, sucios, todo estaba sucio, inútiles para su uso original. Ropa amontonada en el fondo, hecha un manojo de dudas, arrojada con odio alguna vez. Todo en ese departamento, la escena entera contrastaba graciosamente contra ella. Que bella, con piel de seda, haciendo alarde de sus encantos se pasea, brillando bajo la luz de la bombilla que titila cerca de apagarse, en un balance errático a causa de ese único cable pelado que todavía la sostiene. Sumamente bella, lengua ávida de carne humana, dedos largos y sonrisa afilada, desprende un perfume a flores que a todos encanta.

Él se dejo caer; enojado, furioso, triste, cansado. Después del ultimo pinchazo se desplomó en una pose inverosímil.

Su cuerpo flaco, magullado y sudoroso ¿Qué hacia ella tan bella observando su cuerpo indigno? ¿Qué hacia ella, con su absurda altanería, contemplándolo? Como si fuera una ilusión, su perfume casi orgásmico viaja hacia él, proyectándose hacia sus sentidos.

- Desgraciada- le susurró tendido en la cama.

- Penoso- refutó.

Cicatrices. Tenía cicatrices en todo el cuerpo. Pálido y casi traslucido, demacrado y deplorable en todos los sentidos. Humillantemente débil. Intentó arrastrarse en busca de la jeringa que le quedaba bajo la cama, entre el manojo de billetes doblados. Con la mitad del cuerpo en el suelo entorno sus ojos hacia ella, nuevamente.

- Estabas ebria. - Le reprocha, suena como un niño.

La sangre le baja a la cabeza con fuerza, cada vez más rojo y con los ojos salidos. Los cerró, pero el olor a flores no se iba.

- Te perdono. - Silencio. - No fue tu culpa. - ella se sienta en el suelo a su lado, amagando a acariciar su cabello. - Marcos - le susurra como una caricia, con sus mejillas rosas y su ropa andrajosa. Había perdido un zapato, el otro lo traía en la mano. Las medias estaban agujereadas con quemaduras de cigarrillo, manchadas de alcohol. Pero era bella, impoluta, siempre fue hermosa. Con el pelo lacio, como en sus recuerdos.

- Estabas ebria. - le vuelve a reprochar - lo besaste delante mío, me lastimaste. Vos lo besaste. ¿Qué mas podía hacer? Me fui. Estabas ebria, no fue mi culpa. Vos lo besaste.

-Marcos,. - Ella insiste. - Pasó hace mucho. Vení a visitarme si tanto me extrañas. No me hagas venir a buscarte.

Él se arrastró por el suelo buscando su jeringa, otra vez. Olvidarla, convencerse de que fue culpa de ella.

- Marcos - Su voz es suave, despide compasión. Él se arrastra, tira de un cable y la lampara se cae.

- Fue tu culpa.

- ¿Por qué no me dejas ir?

Se arrastra desesperado, el suelo cruje bajo su peso. Los insectos no se inmutan mientras el zarandea su mano junto a ellos. Pacientes, esperan por su cena.

La muerte lo mira, intensa. Él vulgarmente se incorpora, buscando la vena. Ella se levanta pero no se acomoda la ropa, se pasea hacia su rincón con el corpiño descolocado y la remera rota. Camina colmando el monoambiente con olor a flores. Decepcionada observa como la cabeza de Marcos cae hacia un costado y él tiembla, como todas las noches.

- Te perdono - dice mientras el espejo sucio refleja la piel amoratonada, la sangre acariciando sus piernas.

viernes, 12 de mayo de 2017

Cisnes

     Muñequita de fino vidrio, perlado cristal, gira y gira en su caja de oro musical; gira y gira bajo la luz celestial. Gira y gira y vuelan las plumas blancas como la pureza. Vuelan y revolotean a su alrededor, majestuosos cisnes con las alas bañadas por la nieve. Muñequita de vidrio, cálido y perlado, no sabe qué hacer; quiere tanto mostrarle los cisnes a los demás que se olvida de disfrutar. Embelesada y asustada, se aleja, tiene miedo de hacerlos añicos con sus manos que no son dignas. Gira y gira la muñequita de vidrio gira en su caja musical, gira entre los cisnes que tan paulatinamente se visten de princesas, con aureola de oro y vestidos de estrellas. Y todos bailan a la par, siguiendo la sutileza de la caja musical. Y cada vez son más, y cada vez la música es mas furiosa, tan como ella. Pasional y atrevida, se olvida del miedo. Se deja manejar por su pasión, guiada por el éxtasis, hundiéndose en la locura y acariciada por la lujuria, se vuelve tan pecadora como la humanidad. Maravillosas son las ninfas, reinas de sus sueños más íntimos, hechas de oro y galaxias, brincando a su alrededor. Y las acaricia en un arrebato, embriagada de luz, y entonces despierta al borde de la insanidad.
     Oscuro es su alrededor, se siente ciega después de tanta luz, abrumada por tanta belleza, vacía. Muñequita estás vacía, no temas, no te dejes sobornar. Muñequita estás vacía, deja de llorar. Quieres volver, le temes a la oscuridad. Tu corazón tan cálido en aquel sueño, jamás sentiste tanto frío al despertar. Muñequita estás vacía, deja de llorar, no te dejes gobernar. Esas manos que te acarician el hombro son tan frías que te queman, no te dejes confundir, muñequita de vidrio perlado no te dejes engañar. Confundida por el dolor, vacía y sola, solo quiere magia y se la prometen. Seres con rostro arrugado y ojos sin brillo, le tienden la mano arrugada de uñas quebradizas. Delicada, asustada y vacía muñequita, solo quiere magia y princesas, cuentos de fantasía y poder. Quiere poder, quiere gobernar, y quiere sólo un vestido de oro y estrellas. Quiere magia, quiere ser una princesa y que la música no se desvanezca; quiere tener el poder para ser feliz.
     Seres de pesadilla, la arrastran sin tocarla. Le prometen todo lo que pide, le prometen magia a cambio de su pereza, le ofrecen vestidos a cambio de su ira, le entregan princesas en honor a su lujuria, y una corona para su codicia. Le dicen que la envidia sabe como una caricia, y que la gula es una obra majestuosa. Y cuando ella no puede controlar su orgullo por el poder que obtiene, se ve reflejada en los ojos sin brillo de una muñequita rota que la observa a través del vidrio del espejo. Ambiciosa y egoísta, con cuidado sostiene los vidrios que dejó caer al suelo.

jueves, 27 de abril de 2017

No se va

No importa cuantas flores traigas, si son marchitas o recién cortadas. Ni aunque rompas las ventanas, el olor del cadaver se abraza a las paredes de la casa. Sigue soñando, cariño sigue presa del vicio. Presos tus oídos de inexistentes latidos. Solo te queda llorar y rezar para que se nublen tus sentidos. Acaricias la botella con las uñas arruinadas, se te quema la garganta; es lo único que te queda, sobrevivir de a ratos, perder el gusto y por favor el olfato. 
La flores ya no sirven, te escudas entre cenizas y humo. Cariño te haz vuelto adicta al consumo.
Pétalos de flores esparcidos por el piso, junto con pedazos de páginas de un libro. Arrasan tus manos por tu rostro, el pelo se te cae, y el olor a cadaver no se va. Y nada acaba, y sigue ahí. La sangre, el dolor, y las páginas del libro, y el olor, y el frío, y el color de las flores contrastando contra el rojo imborrable. Y el recuerdo del cadaver, no se va. Nunca se irá. 




lunes, 6 de marzo de 2017

Battlefield

     El ríe, disfruta, se hunde en el profundo y oscuro oceano que es el campo de batalla. Ese oceano de instintos, adrenalina y frenesí, elegante e incomprendido.
     El inconfundible olor a pólvora y miedo lo atraviesan como cuchillas, el olor a sangre lo lleva sobre el limite de su cordura. Y los gritos, los saborea deliciosos, los gritos son el coro sublime para la más fina sinfonía que él, y solo él, dirige con orgullo.
     Se siente acechado, observado como una liebre por un león y es más feliz que nunca.
     ¿Existe acaso un premio más glorioso para un asesino que ser perseguido insaciable por su admirada dama?
    Los edificios se desploman como las vidas que se acercan a él y su espina se ve bombardeada por cuchillas de placer cuando el carmesí de la sangre besa su rostro y el ónix del humo acaricia el cielo. Sublime. Majestuoso.
     Música, me contó una vez, música, que así la llama; explosiones y gritos, y derrumbes, y colapsos y sangre y su risa. Su risa. Música, música de orquesta que dirige para su dama. Ríe, ríe, él ríe y vuelve a reír y sigue riendo. Más gritos, más risa, más y más.

"¿El rifle duda antes de disparar? ¿El acero de la espada, distingue entre la sangre de un enemigo de un aliado? ¿Acaso las armas recuerdan los rostros de sus víctimas? Nosotros no somos diferentes, máquinas de matar; jamás te sientas culpable por un satisfactorio trabajo bien hecho. Y no olvides sus ojos, porque ellos no se olvidaran de los tuyos." Me dijo una vez antes de abrazar, lanzarse al campo de batalla como un reo se lanza a la libertad.

    Y él se ríe, una risa desquiciada que corta el aire, afilada como su espada, ríe tan fuerte que su orquesta es silenciada y si fuera una luz, opacaría al sol.
    Su dama lo recibe honrada de estar ante su presencia, lo abraza como a un hijo anhelado, lejano e imposible, extraviado. Ella se vuelve su diosa y él, su sirviente más leal.
    En el campo de batalla algunos lloran a sus padres, otros a sus hijos y él, él solo ríe y su diosa lo contempla orgullosa. Es su templo, el campo de batalla, y ella lo abraza, lo acaricia, lo besa gozosa y se vuelve su eterna dama anhelada. Y él vuelve a reír, victorioso.







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