miércoles, 17 de febrero de 2016

Dying.

“¿Disculpe, podría prestarme su teléfono? He tenido una emergencia.”

                Escucho por el portero la voz de alguien que no veo hace años. Puedo distinguir los temblores de frio y miedo en tu cuerpo solo con escuchar tu voz. Toda una vida conociéndote me volvió ajeno a tus encantos, toda una vida conociéndote me volvió sensible a cada movimiento pudiéndolo leer como si estuvieras frente a mí.

                Te abro la puerta desde arriba y logro escucharte como subes desesperada por las escaleras, asustada, temblando, de frío y miedo. No por quién pueda estar detrás de la puerta subiendo las escaleras, sino de lo que hay afuera, de lo que te espera luego de que salgas. Te mueres de frio, más que medio desnuda a las 5 de la mañana apostaría todo lo que tengo a que traes minifalda, el maquillaje corrido en toda tu cara y el lápiz labial de cereza que tanto te gusta ya está a punto de desaparecer.

                Te tiendo un abrigo cuando terminas de entrar y tu rostro es un poema, definitivamente no esperabas verme. ¿No hay fiesta de bienvenida, ni saludo para mí? Nuevamente, apostaría (y ganaría nuevamente) a que preferirías que cualquier otra persona te abriera la puerta,  cualquiera menos yo. Tus ojos, que siempre fueron brillosos y enormes, están aún más abiertos por la sorpresa, que cálida bienvenida en medio del frío invierno.

                 – Volviste. – Veo la misma Lucy que siempre tuve que rescatar de cantidades exuberantes de alcohol, humos que atontaban y música que te llevaba a habitaciones desconocidas con gente sin nombre. Tus oscuros ojos me preguntan cuándo.

                – Ayer, no me esperaba ésta bienvenida. – Me acerco para darte el abrigo y terminas en mis brazos, mareada casi desmayada, con los mismos olores a fiestas descontroladas que tanto te encantan y odias. Te sostengo con fuerza mientras tus piernas no responden y te llevo hasta la única cama existente de la casa.

                Te mantienes sentada y no entiendo cómo, la costumbre supongo. Tus ojos siguen brillando iluminado como una ciudad en medio de una tormenta eléctrica. Tu risa resuena en la casa como la de una diosa,  sigues siendo la famosa reina que encanta los corazones de hombres y mujeres.

                 – ¿Café caliente? – sonreís como una muñeca lastimada, asintiendo con suavidad.

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                Me siento a tu lado mientras soplas el humo y recuperas el calor corporal, y poco a poco recobras el equilibrio y te vuelves más sensible a los sonidos.

                – ¿Así es como te mantienes desde que me fui? ¿En casas de extraños?  – Jamás me preocupaste cómo ahora, en todos estos años, y si yo estoy así qué sé lo que haces, ¿cómo estará tu madre? Tu silencio te delata y me llevó el celular de tu lado.

                El sonido del buzón de mensajes me permite hablar “Señora Vito, habla Alex, volví ayer a la ciudad. Lucy vino a visitarme,  no se preocupe por ella, está conmigo. Luego la acompaño hasta su casa, buenos días.”

                Te reís en cuanto cuelgo y te lo devuelvo.

                – No terminas de llegar que ya me estás cubriendo y sacando de apuros de nuevo. – Mientras te tumbas en la cama y diamantes resbalan por tu rostro pálido con maquillaje corrido. – Desde que te fuiste ya no tengo quién me sostenga el cabello mientras vomito, ¿sabes? Me hacías un poco de falta.

                – ¿Qué tal la fiesta de esta noche?

                – Ya sabes, lo de siempre, alcohol por montones, chicos y chicas ofreciéndome sus brazos y caladas de alegría. Getting high for free, Darling. – Ríes y cada vez más lágrimas caen. – Me alegro que no hayas terminado como yo.  Estoy muriendo, Alex, y hubiera muerto completamente hace mucho si no fuera por tu ayuda.

                Te ayudo a levantarte para que puedas abrazarme y llorar en paz, llena la remera de saliva, de suspiros, de lágrimas, de lo que necesites Lucy, ya volví.

                Solo 17, y ya todos los chicos creen que dominas las fiestas haciendo nudos de cereza. Solo 17 y tu madre todavía cree que te pasas la noche estudiando con tus amigas. Solo 17 y mantienes una doble vida que te destruye por dentro. Es alarmante realmente, como puedes manejarnos a todos.

                – Todo va a estar bien Lu, yo me encargo. – La promesa que siempre te hacia cuando te prestaba mi cama para que descansaras una hora antes de fingir que volvías de estudiar.

                – Tan amable como siempre. Gracias. – Cierras los ojos sonriendo, sin lágrimas que derramar.

                Solo un beso en tu frente hirviendo y es lo último que vas a recordar, mientras caes rendida. Tu temperatura baja hasta no existir, mientras veo la nieve desde la ventana, y me pregunto ¿cuántas personas te habrán cerrado la puerta hasta que llegaste a mi?

                Busco tu lápiz labial de cereza y te maquillo con suavidad. Acomodo tu ropa y te abrigo por última vez. Limpió los demás retazos de maquillaje en tu rostro y recuesto con delicadeza. Ahora solo me queda volver a llamar a tu madre y explicarle realmente que fue tu vida. La historia de la chica que antes conocía.



Mon amour, je sais que tu m'aimes aussi
Tu as besoin de moi
Tu as besoin de moi dans ta vie
Tu ne peux plus vivre sans moi
Et je mourrais sans toi
Je tuerais pour toi




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Lana del Rey siempre me destruye y me inspira, btw, Carmen. 










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