jueves, 6 de julio de 2017

Señorita

You can see me looking at you
under my heart shaped glasses.
Crossing my legs, letting you see my knees
under my tennis skirt.
Smiling at you, just for me,
because I know,
I'm driving you crazy, my love.

I'll see you at the tennis court,
I'll be wearing diamonds on my neck
and the heart in my cheek.
Flowers on my hair and long pink legs.

You know that I'm young,
you know that I'm wild,
you know that I'm not your dolly
and you're not my daddy;
I'm your obsession,
and you're part of my possessions.

Did you see me yesterday at Friday night?
Sparkling like a star,
the taste of the whiskey in my mouth.
And you want to know,
how's the taste of my cherry lollipop.

Make me nice for a while,
think that I'm not a femme fatale
smoking long cigarettes
and having no regrets.

My blue swimsuit means
your pulse getting shoot.
And your eyes getting wild
when I say
"Needing some discipline,
you're my favorite medicine."

See around that corner maybe,
don't be afraid of being brute:
I'm a screamer baby
make me mute.

You can call me Lolita
the prettiest señorita.
With bare feet and messy bun
waiting for you, ready to run.

The party is over, I'm alive.
The party is over, I feel revive.

domingo, 28 de mayo de 2017

Monoambiente



Edificio de mala muerte, paredes despedazadas por dentro, arañas en los rincones, cucarachas en los cajones. Un ascensor que no funciona, el timbre que no suena. Paredes de cartón, escaleras de telgopor, te guían hasta la puerta arruinada del quinto "B". Abrís la puerta y te llena el aliento del departamento. A encierro, a humedad, a polvo e insectos, a deshabitado.

Los barrotes de la cama se desprendían de óxido, amenazando con romperse en cualquier segundo tal y como el melancólico departamento. Constaba de un solo ambiente, de paredes grises con un papel de flores rasgado, viejo, manchado de humedad. Él era taciturno, quizás tanto como la escena; lo veías recostado en la cama y sentías una melodía lúgubre bailar a su alrededor. La luz del techo se balancea con el poco aire frío de la madrugada. Entra finamente por la persiana rota, a medio bajar, llena de arañas. La bombilla amenaza con apagarse y vuelve a prenderse, amenaza con apagarse y vuelve a prenderse. Es amarilla y no alcanza a alumbrar los rincones. Se intenta apagar, pero se prende de nuevo, aún resiste. Alumbrándolo débilmente, enredado entre las sábanas llenas de manchas. Se escucha el girar errático del ventilador, también, al borde de la caída. Guardaba receloso, bajo el colchón, un manojo de billetes pegados con cinta que no servían ni para comprar otra bombilla de luz. Y el colchón, era una sopa de irreconocibles sustancias mezcladas entre sí; cuantas historias que podía contar, y que repugnante olor que desprendía; posible de espantar a cualquiera que se acercase. La mesita ratona de madera rasguñada reposaba junto a la cama, una lamparita rota y sin bombilla sosteniéndose inexorable. Una única silla de plástico retraída, decorando un rincón al azar, curtida, con un color que no se distingue del gris o del amarillo, parecido a la punta de los dedos de un fumador. El armario se alzaba cubriendo toda la pared, vacío, de imponente madera oscura, pero con las puertas salidas, colgando. Tenía espejos, en las caras internas de las puertas, sucios, todo estaba sucio, inútiles para su uso original. Ropa amontonada en el fondo, hecha un manojo de dudas, arrojada con odio alguna vez. Todo en ese departamento, la escena entera contrastaba graciosamente contra ella. Que bella, con piel de seda, haciendo alarde de sus encantos se pasea, brillando bajo la luz de la bombilla que titila cerca de apagarse, en un balance errático a causa de ese único cable pelado que todavía la sostiene. Sumamente bella, lengua ávida de carne humana, dedos largos y sonrisa afilada, desprende un perfume a flores que a todos encanta.

Él se dejo caer; enojado, furioso, triste, cansado. Después del ultimo pinchazo se desplomó en una pose inverosímil.

Su cuerpo flaco, magullado y sudoroso ¿Qué hacia ella tan bella observando su cuerpo indigno? ¿Qué hacia ella, con su absurda altanería, contemplándolo? Como si fuera una ilusión, su perfume casi orgásmico viaja hacia él, proyectándose hacia sus sentidos.

- Desgraciada- le susurró tendido en la cama.

- Penoso- refutó.

Cicatrices. Tenía cicatrices en todo el cuerpo. Pálido y casi traslucido, demacrado y deplorable en todos los sentidos. Humillantemente débil. Intentó arrastrarse en busca de la jeringa que le quedaba bajo la cama, entre el manojo de billetes doblados. Con la mitad del cuerpo en el suelo entorno sus ojos hacia ella, nuevamente.

- Estabas ebria. - Le reprocha, suena como un niño.

La sangre le baja a la cabeza con fuerza, cada vez más rojo y con los ojos salidos. Los cerró, pero el olor a flores no se iba.

- Te perdono. - Silencio. - No fue tu culpa. - ella se sienta en el suelo a su lado, amagando a acariciar su cabello. - Marcos - le susurra como una caricia, con sus mejillas rosas y su ropa andrajosa. Había perdido un zapato, el otro lo traía en la mano. Las medias estaban agujereadas con quemaduras de cigarrillo, manchadas de alcohol. Pero era bella, impoluta, siempre fue hermosa. Con el pelo lacio, como en sus recuerdos.

- Estabas ebria. - le vuelve a reprochar - lo besaste delante mío, me lastimaste. Vos lo besaste. ¿Qué mas podía hacer? Me fui. Estabas ebria, no fue mi culpa. Vos lo besaste.

-Marcos,. - Ella insiste. - Pasó hace mucho. Vení a visitarme si tanto me extrañas. No me hagas venir a buscarte.

Él se arrastró por el suelo buscando su jeringa, otra vez. Olvidarla, convencerse de que fue culpa de ella.

- Marcos - Su voz es suave, despide compasión. Él se arrastra, tira de un cable y la lampara se cae.

- Fue tu culpa.

- ¿Por qué no me dejas ir?

Se arrastra desesperado, el suelo cruje bajo su peso. Los insectos no se inmutan mientras el zarandea su mano junto a ellos. Pacientes, esperan por su cena.

La muerte lo mira, intensa. Él vulgarmente se incorpora, buscando la vena. Ella se levanta pero no se acomoda la ropa, se pasea hacia su rincón con el corpiño descolocado y la remera rota. Camina colmando el monoambiente con olor a flores. Decepcionada observa como la cabeza de Marcos cae hacia un costado y él tiembla, como todas las noches.

- Te perdono - dice mientras el espejo sucio refleja la piel amoratonada, la sangre acariciando sus piernas.

viernes, 12 de mayo de 2017

Cisnes

     Muñequita de fino vidrio, perlado cristal, gira y gira en su caja de oro musical; gira y gira bajo la luz celestial. Gira y gira y vuelan las plumas blancas como la pureza. Vuelan y revolotean a su alrededor, majestuosos cisnes con las alas bañadas por la nieve. Muñequita de vidrio, cálido y perlado, no sabe qué hacer; quiere tanto mostrarle los cisnes a los demás que se olvida de disfrutar. Embelesada y asustada, se aleja, tiene miedo de hacerlos añicos con sus manos que no son dignas. Gira y gira la muñequita de vidrio gira en su caja musical, gira entre los cisnes que tan paulatinamente se visten de princesas, con aureola de oro y vestidos de estrellas. Y todos bailan a la par, siguiendo la sutileza de la caja musical. Y cada vez son más, y cada vez la música es mas furiosa, tan como ella. Pasional y atrevida, se olvida del miedo. Se deja manejar por su pasión, guiada por el éxtasis, hundiéndose en la locura y acariciada por la lujuria, se vuelve tan pecadora como la humanidad. Maravillosas son las ninfas, reinas de sus sueños más íntimos, hechas de oro y galaxias, brincando a su alrededor. Y las acaricia en un arrebato, embriagada de luz, y entonces despierta al borde de la insanidad.
     Oscuro es su alrededor, se siente ciega después de tanta luz, abrumada por tanta belleza, vacía. Muñequita estás vacía, no temas, no te dejes sobornar. Muñequita estás vacía, deja de llorar. Quieres volver, le temes a la oscuridad. Tu corazón tan cálido en aquel sueño, jamás sentiste tanto frío al despertar. Muñequita estás vacía, deja de llorar, no te dejes gobernar. Esas manos que te acarician el hombro son tan frías que te queman, no te dejes confundir, muñequita de vidrio perlado no te dejes engañar. Confundida por el dolor, vacía y sola, solo quiere magia y se la prometen. Seres con rostro arrugado y ojos sin brillo, le tienden la mano arrugada de uñas quebradizas. Delicada, asustada y vacía muñequita, solo quiere magia y princesas, cuentos de fantasía y poder. Quiere poder, quiere gobernar, y quiere sólo un vestido de oro y estrellas. Quiere magia, quiere ser una princesa y que la música no se desvanezca; quiere tener el poder para ser feliz.
     Seres de pesadilla, la arrastran sin tocarla. Le prometen todo lo que pide, le prometen magia a cambio de su pereza, le ofrecen vestidos a cambio de su ira, le entregan princesas en honor a su lujuria, y una corona para su codicia. Le dicen que la envidia sabe como una caricia, y que la gula es una obra majestuosa. Y cuando ella no puede controlar su orgullo por el poder que obtiene, se ve reflejada en los ojos sin brillo de una muñequita rota que la observa a través del vidrio del espejo. Ambiciosa y egoísta, con cuidado sostiene los vidrios que dejó caer al suelo.

jueves, 27 de abril de 2017

No se va

No importa cuantas flores traigas, si son marchitas o recién cortadas. Ni aunque rompas las ventanas, el olor del cadaver se abraza a las paredes de la casa. Sigue soñando, cariño sigue presa del vicio. Presos tus oídos de inexistentes latidos. Solo te queda llorar y rezar para que se nublen tus sentidos. Acaricias la botella con las uñas arruinadas, se te quema la garganta; es lo único que te queda, sobrevivir de a ratos, perder el gusto y por favor el olfato. 
La flores ya no sirven, te escudas entre cenizas y humo. Cariño te haz vuelto adicta al consumo.
Pétalos de flores esparcidos por el piso, junto con pedazos de páginas de un libro. Arrasan tus manos por tu rostro, el pelo se te cae, y el olor a cadaver no se va. Y nada acaba, y sigue ahí. La sangre, el dolor, y las páginas del libro, y el olor, y el frío, y el color de las flores contrastando contra el rojo imborrable. Y el recuerdo del cadaver, no se va. Nunca se irá. 




lunes, 6 de marzo de 2017

Battlefield

     El ríe, disfruta, se hunde en el profundo y oscuro oceano que es el campo de batalla. Ese oceano de instintos, adrenalina y frenesí, elegante e incomprendido.
     El inconfundible olor a pólvora y miedo lo atraviesan como cuchillas, el olor a sangre lo lleva sobre el limite de su cordura. Y los gritos, los saborea deliciosos, los gritos son el coro sublime para la más fina sinfonía que él, y solo él, dirige con orgullo.
     Se siente acechado, observado como una liebre por un león y es más feliz que nunca.
     ¿Existe acaso un premio más glorioso para un asesino que ser perseguido insaciable por su admirada dama?
    Los edificios se desploman como las vidas que se acercan a él y su espina se ve bombardeada por cuchillas de placer cuando el carmesí de la sangre besa su rostro y el ónix del humo acaricia el cielo. Sublime. Majestuoso.
     Música, me contó una vez, música, que así la llama; explosiones y gritos, y derrumbes, y colapsos y sangre y su risa. Su risa. Música, música de orquesta que dirige para su dama. Ríe, ríe, él ríe y vuelve a reír y sigue riendo. Más gritos, más risa, más y más.

"¿El rifle duda antes de disparar? ¿El acero de la espada, distingue entre la sangre de un enemigo de un aliado? ¿Acaso las armas recuerdan los rostros de sus víctimas? Nosotros no somos diferentes, máquinas de matar; jamás te sientas culpable por un satisfactorio trabajo bien hecho. Y no olvides sus ojos, porque ellos no se olvidaran de los tuyos." Me dijo una vez antes de abrazar, lanzarse al campo de batalla como un reo se lanza a la libertad.

    Y él se ríe, una risa desquiciada que corta el aire, afilada como su espada, ríe tan fuerte que su orquesta es silenciada y si fuera una luz, opacaría al sol.
    Su dama lo recibe honrada de estar ante su presencia, lo abraza como a un hijo anhelado, lejano e imposible, extraviado. Ella se vuelve su diosa y él, su sirviente más leal.
    En el campo de batalla algunos lloran a sus padres, otros a sus hijos y él, él solo ríe y su diosa lo contempla orgullosa. Es su templo, el campo de batalla, y ella lo abraza, lo acaricia, lo besa gozosa y se vuelve su eterna dama anhelada. Y él vuelve a reír, victorioso.







jueves, 2 de marzo de 2017

Stardust

     Ella es la mujer más bella del mundo, yo se lo decía todo el tiempo y ella se reía.
"¿Por qué detenerse en lo insignificante de un planeta? Por qué no ir más allá en la plenitud de las galaxias?" 
     Su risa era una caricia, su cabello negro bailaba cuando soplaba el viento y yo mientras, me perdía en sus ojos que brillaban como estrellas. Me sumergía en el cálido olor que desprendía, perfumes y café. Ella siempre olía a perfumes y granos de café.
     Un día me percaté de que cambió, fue tan mínimo que me resultó imperceptible por mucho tiempo. El negro de su pelo. Era negro, pero no ese negro que tenía. Era negro como la oscuridad, negro como el vacío absoluto; como una galaxia sin estrellas. Y fue entonces, mucho tiempo después que me di cuenta que estaba errado, no era negro como la oscuridad y como el vacío absoluto, era negro como una galaxia con estrellas. El negro de su cabello centelleaba, destellos adornandolo como las estrellas al cielo nocturno. Su melena suave ondeaba, bailaba hacia el cielo aun sin viento y seguía resplandeciendo. Y ella volvió a cambiar, y nadie podía decir en qué.
     Hubo rumores, por un tiempo, de que ella desaparecía de la nada, que aparecía en lugares que nadie se esperaba. Que de repente el tiempo era distinto. Pasaron los meses y los rumores, y su pelo aún era del color del vacío.
     Recuerdo aquella primera vez que me percaté que no era completamente sólida, que sus hombros se difuminaban cuanto más intentabas enfocarlos. Lo que nunca supe fue cuándo sus pies dejaron de ser perceptibles y sus vestidos ondeaban hacia el infinito.
     Su piel era blanca, blanca como un hoja de papel, blanca como la luna, blanca como un resplandor, y en eso se convirtió. Un día dejó de ser un blanco perlado y su piel se convirtió en un blanco enfermo, parecía muerta, pero estaba ahí, aún estaba ahí.
     La recuerdo sonreír, que bella era su sonrisa, la recuerdo enojarse, saltar, bailar, reír, gritar, recuerdo como el blanco de su rostro se volvía en un rojo brillante, recuerdo cuando comenzó a brillar, iluminar la oscuridad solo con su piel. La recuerdo un día de verano, con un vestido azul ondear y desaparecer en neblina, la recuerdo iluminar el césped mojado sin siquiera rozarlo, la recuerdo observar el cielo nocturno de aquel cálido febrero.
"Ojalá pudieras ver el cielo como yo lo veo"
     Tuve miedo de quedarme ciego una vez. Antes de su cambio sus ojos eran marrones, profundos y expresivos, marrones como la corteza de un árbol, con destellos verdes como sus hojas. Antes de su transformación yo decía que tenía brillos como estrellas tatuados en ellos, cuan equivocado estaba. Las estrellas se rebelaron, estallaron en una ola de colores hacia mía, ardiendo con fuerza. Nada era una totalidad, todo era un reflejo y no existía el tiempo. Toda la paleta de colores de nuestro universo se vio reducido a un escondrijo entre sus pestañas.
     Después de eso el tiempo siguió pasando y ella cambió, sin cesar. Su cabello, su cuerpo, su piel, sus ojos. Era cada vez más dificultoso poder enfocarla. A veces hasta olvidaba que ella estaba ahí.
     Su voz no cambió, agradezco, era armoniosa y risueña, pero ella ya no movía los labios. Dejó de hacerlo un día, y su voz se proyectaba en mis pensamientos, como una canción que no sabes como llegó ahí pero no puede quitartela.
     "No estás tan loco. Sí existo." 
    Y finalmente, cuando las arrugas se apoderaron de mi, me di cuenta que para ella el tiempo no pasaba, me di cuenta lo ilimitada que ella era, lo absoluta que era su existencia, y lo simple e insignificante que era yo. Su rostro, lo poco que todavía podía advertir de ella en esa nebulosa de humos de colores, se encontraba exactamente igual que esa noche calurosa de febrero en la que miraba el cielo.
     Lo único nítido que realmente recuerdo fue su abrazo. Cuando finalmente se convirtió en su totalidad, en esa neblina multicolor centelleante. Recuerdo cómo su último abrazo fue sentirme cálidamente recibido dentro de un caleidoscopio sub-realista de dulzura y melancolía, de gloria. Me envolvió su absolutez, me preguntó si alguna vez alguien tan simple como yo podrá llegar a comprender lo tan ilimitado en lo que se convirtió. Me abrazó, y ella ya no olía a perfumes y granos de café, ella olía a frío, a un frío que te congela cada ápice, olía a azufre y ozono, a lo más profundo del océano y a la primer chispa del fuego. Enredé mis dedos en aquella difuminada mancha abismalmente negra que fue su cabello, y en el tacto de sus labios lo vi; Era el pincel de un artista trazando con soltura una pincelada etérea de una nebulosa de colores. Encontré colores, encontré sabores, olores, lugares, años, civilizaciones, existencias, universos y estrellas. Olvidé el significado de realidad y existencia. Y así fue como ella desapareció, convirtiéndose en lo que más amaba en el universo. Se marchó con la promesa de olvidarme cuando los siglos fueran días, cuando los milenios sean semanas, y la eternidad sea solo un segundo.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Pollerita

Si fuera un hombre me estarían dando la razón. Que tengo derecho porque ella usaba la pollerita muy cortita y me provocó. Pero no, me tachan en los noticieros, en los diarios y en las casas porque soy una mujer que grita que se defendió y no un hombre que recita orgulloso cómo la mató.

     Son las 7:00 de la mañana y yo estoy a tres cuadras de la escuela, es de noche porque todavía es invierno y yo puteo porque me hacen ir en pollerita que se me vuela y en media altas de lana y me cago de frío igual. Porque las escuelas privadas son así, ya te enseñan desde chiquita tu lugar en la sociedad. Si el pibe te saca una foto abajo de la pollera se le ríen la gracia, y si tenés suerte le ponen la notita en el cuaderno, pero él sigue saliendo ileso con el aplauso de los amigos. Vos te la aguantas, y si llorás sos una exagerada. Porque total no es nada, solo te invadió, no es nada. No importa, porque tu cuerpo no es tuyo y te la tenés que bancar porque sos mujer y es así.

    Y yo estoy caminando a las 7:05 de la mañana de un martes de invierno porque es obligatorio y es mi culpa cuando él me agarra del pelo y me tira porque tengo pollerita y así es como corresponde. Está en su derecho porque yo tengo pollerita y lo calenté.
Él sabe que soy una nena, que no tengo más de 15. Entonces me sube la pollera y me rompe las medias, porque puede, porque debe. Porque uso pollerita, porque soy nena y mi cuerpo le pertenece a él, no a mi.

     Yo camino a la escuela, a mi casa y hasta el kiosco de la esquina con las llaves en la mano porque acá nunca sabes. Acá podés ser la pobrecita que metieron a una bolsa de basura, pero ojo, porque pasas a ser la putita si se enteran que tenias puesto un shortcito. Acá nunca sabés, pueden mañana estar pasando tus fotos en el noticiero de la tarde con los nenes en la mesa. Puede que termines en otro país. Pueden pasado mañana encontrar tu cuerpo mutilado y contar como te violaron en el noticiero de la tarde, que lo ven los nenes con el almuerzo en la mesa. Y si capaz no tenés suerte te violen y te dejen ir, así aprendes a no provocar. Porque quién te manda a salir a  las 7 de la mañana en pollerita, eh, seguro lo haces porque sos una putita.

     Pero yo tengo la peor de las malas suertes, porque pequé, me defendí con la llave y ahora es él el que sangra. Acordate que mañana sale mi nombre en los noticieros, me lo van a tachar y quedo marcada de por vida y van a poner después un primer plano de las tetas de Tinelli. "¡AY NO NENA, NO! Cómo vas a decir eso? No ves que las tetas están mal, son pecado si no son las del bailando. Son peor que la pollerita, son las piernas de la generación pasada y los tobillos de las damas."

     Y son las 7:07 de la mañana y yo tengo pollerita y soy una putita. Y como uso pollerita y soy una putita él tiene derecho a violarme. ¿Necesitas que te lo repita así no se te olvida?  Son las 7:07 de la mañana y yo tengo pollerita y soy una putita. Y como uso pollerita y soy una putita él tiene derecho a violarme.
    Y ahora él está en el hospital que se lo cubren miles de padres de hijas que tienen miedo a ser violadas.
     Y si yo quiero ayuda (te repito, quiero, porque no la necesito, porque no me pasó nada, porque soy una exagerada), si yo quiero ayuda me la tengo que pagar yo, en vez de la institución privada que me obliga a usar pollerita, en vez de los trabajos que te las exigen como uniforme en voz baja. En vez de esos jefes que te dicen que no pasa nada si no usas pollerita, pero si no venís con escote mañana estás en la calle. Me lo pago yo en vez de los boliches con ofertas luminosas que grita "venite en pollerita y pasas gratis!!!!" Saben qué es gratis también? El miedo hasta llegar en mi casa vestida con pollerita.

     A las nenas que nos lo paguen las industrias que sexualizan a la alumna, al uniforme escolar así se esconden en las esquinas de las escuelas los infames y se masturban mientras las ven pasar.


     Sigan con su discurso de odio, culpabilizando a la víctima, dandole razón al violador. Sigan diciendole al nene que no llore, y a la nena que no luche. Sigan difamando a la víctima y sigan defendiendo al agresor. Sigan y sigan que nosotras vamos a seguir gritando: #NiUnaMenos

viernes, 13 de enero de 2017

Oda a la codicia

Viví los días en un sueño inmortal
de gente que camina mirando hacia atrás.
Y al final del día me volvía una más,
mirando hacia atrás a la luz artificial que iluminó lo ilegal.


Criminales sin dignidad,
disfrutando de pecar.


Frágil muñeco de papel
recé para volver a acariciar
la nieve de tu piel.


Busqué hablarte durante noches sin cesar
y solo encontraba voces que gritaban que sos una propiedad.


Frágil muñeco de papel
tus besos fueron crueles tatuajes,
patrañas, falacias, meros cuentos
escondidos en lo más recondito de nuestros cuerpos.


En la oscuridad reside la mentira
tus besos de pura codicia.
Frágil muñeco de papel
estás perdido entre redes de placer.


La araña de tu avaricia
te ahoga, te aniquila y destroza.


No puedes tener a una, buscas a la otra.
Te permito ser deidad por una hora
para que me recuerdes
como tu suprema protectora.


Frágil muñeco de papel
las historias siempre tienen un porqué.
Frágil muñeco de papel
hasta los más buenos se cansan de decir que sí,
y todas las historias llegan a su fin.
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