jueves, 27 de abril de 2017

No se va

No importa cuantas flores traigas, si son marchitas o recién cortadas. Ni aunque rompas las ventanas, el olor del cadaver se abraza a las paredes de la casa. Sigue soñando, cariño sigue presa del vicio. Presos tus oídos de inexistentes latidos. Solo te queda llorar y rezar para que se nublen tus sentidos. Acaricias la botella con las uñas arruinadas, se te quema la garganta; es lo único que te queda, sobrevivir de a ratos, perder el gusto y por favor el olfato. 
La flores ya no sirven, te escudas entre cenizas y humo. Cariño te haz vuelto adicta al consumo.
Pétalos de flores esparcidos por el piso, junto con pedazos de páginas de un libro. Arrasan tus manos por tu rostro, el pelo se te cae, y el olor a cadaver no se va. Y nada acaba, y sigue ahí. La sangre, el dolor, y las páginas del libro, y el olor, y el frío, y el color de las flores contrastando contra el rojo imborrable. Y el recuerdo del cadaver, no se va. Nunca se irá. 




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